No estoy seguro cuando empezó a crecer esa idea en mí, pero ahora no puedo dejar de pensar en ella. Recuerdo un tiempo en que quería mucho a mi abuelo y él a mí, lo veía en sus ojos, me quería de verdad. Me daba gusto en todo, le gustaba jugar conmigo todo el tiempo.
Ahora es igual, creo, pero con una gran diferencia. Siento que mi abuelo se guarda algo.
Siempre fue un tipo bien parecido, hay que decirlo, y en buena parte se lo agradezco. Mi abuela murió cuando yo tenía como 4 años, así que conocí a mi abuelo en sus años de andanzas con mujeres mucho más jóvenes. Mamá siempre trataba de ocultarlo pero yo siempre los escuchaba discutiendo; que era una falta de respeto, que si no le daba pena, que qué dirá la gente, que dirán que es un viejo verde… Siempre era lo mismo. Todo en un tono muy bajito y tras puertas cerradas, pero igual yo me las arreglaba para enterarme; siempre que escuchaba un murmullo suavecito, ahí corría para enterarme que pasaba, cual vecina había caído en su juego esta vez. En lo que a mi respecta si al viejo le gustan las mujeres jóvenes esta en todo su derecho.
Eso si, para ser viejo se preocupaba mucho por su aspecto físico, cada día tomaba casi una hora en el baño haciendo su ritual de ponerse cuanta crema y loción tenía y se pasaba horas mirándose al espejo, contándose las arrugas, creo.
Me parecía raro que un viejo se preocupara tanto por su aspecto físico, pero así es él y siempre lo fue, y tampoco conozco tanta gente vieja como para tener con quien comparar, así que nunca le preste atención.
Lo único cierto es que algo cambió cuando ese libro llego a sus manos.
Un día mientras arreglaba el garaje encontró una caja con algunas cosas de mi abuela que por alguna razón nadie había regalado, ni botado; seguía allí en un rincón esperando a ser encontrada. Había algunas muñecas de porcelana rotas, diarios que la tenían en portada anunciándola como la reina de belleza de aquel año, y otras cosas por el estilo. Y además, y no menos importante, el bendito libro rojo.
Mi abuelo estuvo conmovido por varios días al encontrar aquella caja pero poco a poco la fue olvidando y en últimas solo se quedó con el libro y ahora siempre lo lleva con él. La caja posiblemente ahora esta en la misma esquina en que la encontró, pero con las porcelanas aún mas rotas.
“¿Ya estás listo? Vamos a llegar tarde” – me dijo el otro día en la mañana. Mamá y papá estaban trabajando y yo tenía una nueva cita con el doctor. “No todavía no” – dije yo muy campante. “Pues apúrate que vamos bien tarde hijo”. No le preste atención, y como si nadie me hubiera hablado, seguí comiendo mi cereal muy serenamente. Mi abuelo se sentó en el sillón haciendo un gesto triste y dolido, pero no se lo creí mucho.
La verdad es que mi salud está en perfecto estado, pero trato de parecer débil a sus ojos. No me gusta ir al doctor y menos aún cuando se que estoy saludable, pero todo va ligado a mi plan. Toso sin realmente necesitarlo, me invento dolores de cabeza y de estómago, hago que me de fiebre poniéndome jabón bajo las axilas, y cosas así.
Cuando íbamos de camino al doctor, me dijo que sentía que ya no lo quería como antes.
Pues tiene toda la razón! Puede que yo no sea muy grande pero tampoco soy tonto. El trata de ser bueno conmigo pero no le creo nada, yo sé que algo se trae entre manos y estoy casi seguro que es.
Por otro lado, antes de que apareciera ese libro siempre fue muy bueno conmigo y aún le siento mucho cariño, en el fondo. A veces dudo si lo que estoy pensando es realmente así o si mas bien heredé la paranoia de mamá y voy a terminar tomando pastas de un tarrito naranja todos los días; a veces lo veo y me parece que el pobre se siente de verdad muy mal por la forma en que lo trato. Pero nunca se sabe, igual seguirá siendo culpable hasta que se demuestre lo contrario.
Si solo pudiera tener ese libro en mis manos por un momento.
Lo he tratado todo. Un día le pregunté por el libro, por qué lo cargaba siempre con él, si podía leerlo, y me dijo que eran solo apuntes privados de la abuela, sin mucha importancia pero les tenía mucho cariño. Así que le dije a mi papá y a mi mamá que le preguntaran por el libro y así lo hicieron; y siempre salió con alguna forma de evadir el tema y en conclusión, nadie lo ha leído aparte de él.
A veces cuando se va a bañar, voy a su cuarto esperando que haya dejado el libro por ahí, pero es imposible. No se separa del libro en ningún momento.
El caso es que desde que encontró el libro, dejó de lado a sus mujeres y hasta dejo la obsesión por su aspecto – bueno, no del todo, digamos que en lugar de estar una hora en el baño ahora esta solo media- y empezó su nueva obsesión: la lectura.
Ahora pasa horas encerrado en su cuarto leyendo. Él dice que está leyendo libros de diferentes religiones y cosas así, pero la verdad es que siempre que me asomo esta leyendo el libro rojo. Cuando se da cuenta que lo pesco, se encoleriza por un instante y luego me pide –como volviendo a su rol del abuelo amoroso- que cierre la puerta por favor, que ya casi termina. Estoy seguro que se ha leído el libro mil veces a lo mínimo.
Una noche mientras veía televisión, llamaron mis padres al teléfono. “Tus padres van a tardar” – dijo mi abuelo. “¿Qué?” – distraídamente respondí. “Que tus padres se van a una fiesta y van a tardar”. Había entendido desde el primer momento, pero quería sonar casual.
Supuse que esta noche sería decisiva, estábamos solos en casa sin nadie que lo molestara.
Si quieren saber cual es mi sospecha sobre mi querido abuelo pues aquí la tienen. Cada vez estoy mas seguro que mi abuelo quiere intercambiar su cuerpo por el mío, para dejarme viviendo los pocos años que le quedan en el suyo.
Puede sonar como una locura pero para mí tiene mucho sentido, lo veo en su obsesión por envejecer, su interés por mi salud de una forma que no lo hacen ni mis padres, pero sobretodo por su mirada, sus ojos cuando lee el libro. No estoy muy seguro como lo piensa hacer pero sé que la respuesta está en ese libro rojo.
“Abuelo me voy a dormir” – dije sin la menor intención de realmente hacerlo. “Está bien, lávate los dientes antes”- dijo.
Como no! Sería feliz con mis blancos y brillantes dientes.
Mientras me lavaba los dientes pensaba en que debía hacer, podía tratar de atarlo al sillón, para que no pudiera hacer nada hoy. Luego pensé que aunque él era medio debilucho yo lo era más aún, y no podría con él.
Decidí subir a mi habitación, cerrar con llave y esperar que nada pasara en esta noche; y mañana contar mis sospechas a mis padres, para que lo obligaran a que les mostrara de una vez y por todas lo que había en el libro.
Al salir del baño, miré a la sala y mi abuelo se había quedado dormido en el sillón. Me acerqué despacito temiendo una triquiñuela de su parte, pero me fui acercando cada vez más y más y realmente parecía dormido. Me acerqué sin hacer ruido, muy despacio, y ahí estaba el libro en el bolsillo de su chaqueta.
Nervioso y aún dudando si esto no era parte de su plan, acerqué mi mano despacito y por fin toqué el libro por primera vez. Lo tomé con dos dedos muy suavecito y lo saquè. Ahí estaba en mis manos, al fin.
Me fui corriendo escaleras arriba y cerré mi cuarto con llave.
Mi abuelo nunca más se levantó de ese sillón. Mis papás estuvieron tristes por meses. Ay, el pobre abuelo.
Pero yo no. Al leer el libro mis sospechas se confirmaron, estaba en lo cierto! Mi abuelo aún no estaba preparado para hacer el cambio, pero estaba cerca. Estaba en lo cierto. El libro contaba el proceso paso por paso.
Fue un alivio cuando todo terminó y el tramposo de mi abuelo pasó a mejor vida, lo primero que hice fue enterrar el libro rojo muy profundo en el jardín, jugar con ese tipo de cosas no esta bien y además quien quiere vivir dos veces.
Todo empezó a ir de maravilla, me di cuenta que no era paranoico como mamá y desde ese día todo empezó a mejorar para mi.
Pero como nunca hay alegría completa, pronto recordé que el libro lo habían encontrado entre las pertenencias de mi abuela; y empecé a sospechar lo peor.
Ahora no estoy seguro si soy yo mismo o si soy mi abuela que hizo el cambio cuando aún era pequeño y no lo puedo recordar.
Creo que voy a tener serios problemas psicológicos cuando sea grande.